Pocas noches en La Habana han bastado
y la ecuación del tiempo y la distancia decidirá
si todo esto es algo más de lo que a ojos de extraños
parece. Yo no dudo ahora mismo, en los
primeros días de batalla, cuando todavía no hay
heridos ni mutilados, de que la victoria es
la única solución. Sé que es excesivo el optimismo
pero así suelen funcionar estas cosas. Los románticos
son los últimos en soltarse del clavo ardiente y
peco de wertheriano más de lo aconsejable.
A la hora de escribir estas palabras
la última vez que te vi era en el taxi
que te dejó en casa. Recuerdo mi primera
frase al taxista después de despedirme,
triste, hacia el hotel. Y pensé que otro día
escribiría sobre ello. Ya está.
Esta tarde, en León
Hace 1 hora.

